Meditación una puerta a la felicidad

El “despertar” a través de la práctica del zazen

maestro Lluís Nansen Salas

En la práctica espiritual se habla a menudo de “despertar” o “liberación”, ¿a qué se refieren estos conceptos? 
Con la práctica de zazen se crea una dinámica con el cuerpo que cambia nuestra manera de funcionar mentalmente.

Nos libera de hábitos y condicionamientos, que nos dejan siempre insatisfechos y nos hacen sufrir. Estos condicionamientos afectan a nuestra percepción de la realidad, como sucede cuando una emoción intensa está presente, produce una visión distorsionada, una ilusión, un sueño.

Por eso hablamos de despertar y de ver las cosas tal como son. Ver las cosas tal como son significa verlas conociendo su verdadera naturaleza, que es insubstancial e impermanente. Esto es lo que nos libera del sufrimiento.

COMO REALIZARLO:

La postura

Sentados en el medio del zafu (almohadón redondo), se cruzan las piernas en la posición de loto o de medio loto. Si ello no es posible, y se cruzan las piernas simplemente sin colocar el pie en el muslo opuesto, aun así es esencial que las rodillas empujen el piso. La columna vertebral bien derecha, el mentón entrado y la nuca estirada, la nariz en la misma línea vertical que el ombligo, se empuja la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza.

Se pone la mano izquierda en la mano derecha, las palmas hacia el cielo, los pulgares se tocan, formando una línea derecha. Las manos descansan en los pies, los cantos en contacto con el abdomen. Los hombros están relajados. La punta de la lengua toca el paladar. La vista está puesta aproximadamente a un metro de distancia en el suelo sin mirar nada en particular.

La respiración

La respiración zen no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sánscrito se llamó ‘anapanasati’, solamente puede surgir de una postura correcta. Antes de todo se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una espiración suave, larga y profunda. El aire se expulsa lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la espiración, baja con fuerza al vientre. Al final de la espiración, la inspiración se hace naturalmente. Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la espiración de un bebé que grita recién nacido.

La actitud del espíritu

Sentados en zazen, dejamos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales, que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo – sin oponerse ni agarrarse a ellos. Como los reflejos en un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan y pasan otra vez y terminan por desvanecerse. Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todos los pensamientos (hishiryo), verdadera pureza.

Esa actitud de espíritu surge naturalmente de una concentración profunda en la postura y la respiración, y permite así controlar la actividad mental, resultando una mejora en la circulación cerebral.

Se trata de un diálogo entre el cuerpo y la mente, y nos ayudan a salir de los bucles mente-mente, que son autogeneradores de sufrimiento. Hay muchos prejuicios sobre los rituales, pero la resistencia principal son los condicionantes egóticos, que justamente el ritual nos ayuda a disipar.

 

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